martes, 18 de enero de 2011

Imposible

Hoy he aprendido dos palabras más en Laosiano. O no. En realidad he aprendido siete palabras... sólo me queda conseguir pronunciarlas correctamente. Y son las siguientes: kai y kao.

Pasemos a explicar.

Pronunciando KAAI, en tono ascendente, estamos diciendo CERCA.

Pronunciando KAAI, en tono descendente, estamos diciendo LEJOS.

Pronunciando KAI, corto y rápido, estamos diciendo POLLO.

Pronunciando KHAI, igual de corto y rápido pero con una K más marcada, estamos diciendo HUEVO.

No intenten decir que el huevo está cerca y el pollo lejos y que les entiendan, claro.

Pero la cosa se puede complicar un poquito más si decimos KAO, pues quiere decir NUEVE, mientras que KÁO, ascendente, es ARROZ. Algo como KIM-KÁO es comer, por cierto... Por desgracia para nuestra habilidad fonética, KÁO también es ENTRAR.

Yo de momento me limito a decir BO (no) y LEAO (ya), y añadir verbos en inglés, pero más o menos voy aprendiendo. Lástima que tan rápido como aprendo, olvido. Y eso que el Laosiano es un idioma con una gramática bastante simple, o eso parece. Hablan como los indios, y los tiempos verbales se entienden por el contexto. Como curiosidad, usan el mismo verbo para querer y para necesitar, resultando gracioso que en un restaurante te pregunten si necesitas mayonesa. Hombre, necesitar, necesitar...

De cualquier forma, seguimos intentándolo.

Nota: mi "profesor" acabó confesándome que entre ellos mismos a veces no se entienden, así que tampoco habrá que darse por vencido.

lunes, 17 de enero de 2011

El peor Jeep del mundo

Ya no está con nosotros, algo normal porque con el retraso que llevo en actualizar el blog el pobre vehículo ha pasado ya a mejor vida, refiriéndome con ello a que, por fin, alguien lo ha comprado y se lo ha llevado para darle un uso merecido (o no), aunque no me extrañaría nada que el artefacto haya sido desguazado o reconvertido.

Debajo de una de las casas en las que vivimos los expatriados reposaba hace tiempo un Jeep Willis bastante dejado. Como aquello era un barullo insufrible, y sobre el coche se iban amontonando restos de a saber qué, piezas diversas, cajas, carteles, etc… en una tarde de furia se decidió que había que deshacerse de todo aquello, vendiendo lo vendible y tirando lo invendible. Y así se hizo.


El Jeep fue convenientemente rescatado e incluso adecentado. La limpieza fue sencilla, con dejarlo al aire libre un par de días en temporada de lluvia, toda la costra desapareció dejando al descubierto una hermosa carrocería verde por fuera, y naranja por dentro. Y es que aquello era un puro óxido.

Yo tengo experiencia en coches realmente malos y en estado lamentable, pero lo del Jeep alcanzaba ya un nivel de artesanía local sencillamente maravilloso. Que un coche tenga refuerzos de madera por los bajos sólo puede ser bueno, un buen comienzo. Evidentemente, es de esperar que las piezas de la suspensión delantera izquierda no sean las mismas que las de la suspensión delantera derecha. De la misma forma, el montaje de esas piezas puede ser correcto o incorrecto, a gusto de quien lo mire.


A ver, por fuera no estaba tan mal, incluso tenía unas llantas relativamente agradables a la vista, con aspecto de calidad. El interior ya era un poco peor, con su inexplicable volante Honda, los asientos de a saber qué coche directamente atornillados al suelo, o la moqueta con tal capa de mugre que se había impermeabilizado, sin olvidar los acabados en madera. Pero todo eso no era nada que un retoque cosmético no pudiera arreglar.

"Honda"

El drama era mecánico, como es normal. Seré breve: es el primer coche que he conducido que es más potente al ralentí que acelerando. Al mismo tiempo, es el primer coche en el que noto que voy considerablemente más rápido al girar a la izquierda que con el volante recto. Al pisar el freno, el propio pedal arrastraba el acelerador, el embrague iba por libre, la caja de cambios no tenía posiciones realmente fijas, ninguno de los indicadores funcionaba, el volante tenía una holgura más que preocupante y, además, tampoco se quedaba en la misma posición siempre. Me explico: con las ruedas rectas, el volante estaba en un ángulo X; al girar, pasaba a un ángulo Y, pero al volver a poner las ruedas rectas el ángulo no volvía a ser X, sino H, F, S, o K, dependiendo del momento.

Lo de debajo del capó.

No había suspensión, tampoco había frenos. Luces es evidente que tampoco. Tracción total… probablemente fuese tracción relativamente delantera y lateral, porque por atrás no se apreciaba mucho movimiento. Eso sí, palanca de la “caja transfer” había, aunque era tan inamovible como el responsable mecánico que me observaba mientras yo inspeccionaba el coche.


El arranque era por aproximación, uno giraba la llave (sacada de un candado) hasta que aquello empezaba a chirriar, y una vez arrancado la volvía a girar para parar el motor de arranque. Y todo aquello cuando al coche le daba la gana. Claramente, la cosa dejó de “aproximar” justo en el momento en el que los primeros compradores vinieron a ver el trasto. Pero al final se vendió, y no se vendió mal. Unos 3.000 dólares pagó un incauto por aquello. Y es que en Laos los coches son carísimos, hablando de niveles occidentales (la mayoría de los locales ni se plantea lo del coche).

Y se fue para nunca más volver. Habrá que comprar un Hummer…


Horrible foto, por cierto, pero no quería mojarme…

De verdad de la buena...

Que sí, que sigo aquí y que me voy a poner a ello, pero es que no es fácil encontrar hueco.

Luego sigo con el peor Jeep del mundo. Dejo, mientras, una foto curiosa, muestra de la actitud comercial laosiana. No, no es que vendan muchas cosas y un cadáver, lo del suelo es el vendedor echándose la siesta.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Seis meses

Seis meses ya. Es más, seis meses y once días hace que llegaba a este país, y aquí sigo. De hecho, incluso sigo vivo, por si alguien tenía dudas.

Demasiado trabajo como para ponerme a escribir o, mejor dicho, tener inspiración para escribir todo lo que quisiera. Porque tengo historias para dar y tomar. Aquí cada cosa es una aventura, y evidentemente uno tiene que espabilarse e integrarse, o hacer trámites y demás como cualquier laosiano. Tengo que contar cómo se hace en el banco, lo que es ir a la peluquería, cómo matricular la moto (por fin, ya estoy matriculado, ya soy legal), qué pasa cuando te para la Policía por la carretera, qué hay a 130km al Sur de Luang Prabang, cómo es una fiesta típica laosiana... Qué se yo, mil cosas que a uno le pasan a diario. Pero es que no me da la cabeza para mucho más que para hacer y procesar fotos en cuanto tengo un tiempo libre, o escribir alguna cosa en un par de foros.

En definitiva y como he dicho, estoy vivo. Y para muestra, un botón. O tres....

Robado


En el mercado de Phou Khoun


Arrozales con cabaña típica

domingo, 15 de agosto de 2010

4 meses de crecidas...

Cuando me dijeron que en Laos llueve mucho en Agosto, me imaginaba mucha lluvia y tormentas tropicales. Vamos, que no andaba yo muy fino ni muy original, que digamos. Estamos a mediados de agosto, sigue diluviando cada dos por tres, y el Mekong sigue creciendo. No da miedo, da respeto. Bueno, un poco de miedo sí da cuando hay que cruzarlo a bordo de una barca de esas de ancho individual, en las que llevas el culo por debajo del nivel del río... Pero son gajes del oficio, y si toca ir a ver nuestro barco, y éste se encuentra al otro lado del río, toca subirse en esa especie de piragua motorizada y estarse quieto los cinco o diez minutos que dura la travesía.

La técnica es sencilla: como el agua baja tan fuerte, hay que salir desde un punto situado más arriba en el río que nuestro destino. ¿Porque así logras gastar poco ya que vas con la corriente? En absoluto, la proa siempre mirando a contracorriente, y la canoa en un perfecto "drift" acuático, mientras observas con horror como, pese a ir apuntando hacia arriba, el árbol que te sirve de referencia se va alejando más y más... por delante. Sí, vas marcha atrás.

Para regresar la técnica consiste en subir el río muy pegado a la orilla, hasta el punto de esquivar en el último momento las copas de lo que antes eran unos árboles más que curiosos, para luego dejarse caer río abajo, siempre con la proa mirando a contracorriente. La realidad fue que arrancamos, subimos, y cuando nos disponíamos a separarnos de la (relativa) seguridad de la orilla... la barca se quedó sin gasolina. El (iba a llamarle marino, pero siendo de río no sé si es riíno, riverino....) hombre de la barca logró dar media vuelta, y regresar al puerto, que no era más que una orilla un poco despejada de matojos, en donde pidió un poco de gasolina a otro compañero. La gasolina se la dio en un viejo vaso de plástico. Y con esa gasolina iniciamos la travesía de vuelta. Repito, la gasolina se la dio en un viejo vas de plástico...

Y todo esto para poner al final una foto comparativa del Mekong en 4 meses. Ojo, que es un río de varios cientos de metros de ancho.

¡Que me mojo!

Al final llegamos sin problemas. Por cierto, click en la foto para verla en grande, claro.

lunes, 2 de agosto de 2010

Un elefante verde minúsculo y sin patas

Me acerco al restaurante y oigo un grito aterrador que parece venir de la cocina. Un grito femenino, que como bien desconocen, es común en todo el mundo a las mujeres asustadas. Vamos, como el nombre de Carod Rovira, que es el mismo "en la China Popular y en la otra".

Rápidamente entro en la cocina a ver qué pasa, pero las risas que acompañaban al berrido, proferido por una cocinera local, me hacían suponer que no era nada grave. Dentro, arremolinados sobre la zona de lavaplatos, me encuentro con el equipo de cocina, el de limpieza y algún camarero mirando fíjamente al animal. En realidad no sé quién miraba más fijamente, si el animal o ellos.

Y como no podía ser de otra forma, lo rescaté con un folio y me lo llevé para hacerle unas fotos antes de ajusticiarlo. Y es que un elefante verde minúsculo y sin patas, mirándote con cara asustada, no es algo que se vea todos los días.

Hola, buenos días, ¿qué tal?

Nunca me había encontrado frente a un animal con esos ojos y esa nariz. Vale, no es un llimaz fucsia, pero bien podría ser su primo laosiano. El bicho en cuestión se había ventilado, en cuestión de minutos y pese a ese aspecto tan educado, media hoja de las llamadas "oreja de elefante", con una superficie de casi un metro cuadrado. El cabrón fue a elegir la hoja principal y al final hubo que cambiar la planta completa.

Pero claro, uno lo mira, quiere reñirle por haberse comido la hoja, lo vuelve a mirar... ¿y cómo vas a reñir a un animalillo que te pone esos ojos?


Al final ha sido indultado y liberado frente a mi casa, para que haga de cortacesped o sirva de alimento para el gecko, que será lo que finalmente acabará sucediendo.

jueves, 22 de julio de 2010

La Turbo-Becaria

Llegó con dos días de retraso, por lo visto le afectó el cambio de hora, el cambio de clima, el viaje, o a saber qué. En principio se iba a quedar un mes, viviendo en la ciudad y viniendo a trabajar en un puesto indeterminado. La cosa, como ven, no parecía pintar muy bien. ¿Qué hacía una chica de madre francesa y padre laosiano viniendo desde París para un mes de trabajo en un sector no relacionado directamente con su formación? Desconozco los motivos que llevaron a la firma del acuerdo de prácticas, por cierto.

Como en todos los hoteles, cubrimos tareas a base de becarios o "gente de prácticas". En un destino remoto, es la posibilidad de contar con europeos / occidentales a bajo coste, cosa siempre necesaria. La última (mi vecina austriaca, por cierto) ha terminado sus seis meses aquí, junto con otros seis meses que estuvo en Bali. Eso le ha servido para obtener un muy buen puesto en otro establecimiento de la compañía, y con sólo 20 años. Espectacular, a la par que bastante insoportable en ocasiones. La turbo-becaria estaba claro que nunca sería así, pero tampoco nos esperábamos que pasase lo que pasó.

Y lo que pasó fue que a las 3 de la tarde apareció por el hall del hotel una chica totalmente fuera de lugar: pantalones anchísimos y arrastrando, grandes zapatillas deportivas sucias, camiseta muy ajustada y escotada, tatuaje en una mano, brazalete "tribal" en el brazo, varios piercings en una oreja, piercing en la lengua, trenza de colores saliendo de un pelo no precisamente limpio, gafas "intelectuales" y cara de despiste. No, lo siento mucho, pero no. De la misma forma que un señor vestido de torero está fuera de lugar comprando salva-slips en el Carrefour, esta chica pegaba tanto en nuestro establecimiento como un Seat Ibiza del 93 en el garaje londinense de un dictador africano.

Se presentó, se llamaba Alice. Me la pasaron inmediatamente... intenté cortarle un poco el rollo a base de hablar en francés con ella para luego pasar al inglés, idioma oficial de la empresa, y como no tenía yo mucho que hacer, nos fuimos a ver las instalaciones, para que se familiarizase. La primera vino al momento y me dio en toda la frente: "¿puedo fumar?" Bueno, al menos la chica pregunta, pensé... No, evidentemente no, así no se podía continuar, tras la espectacular entrada en el hotel.

Seguimos el paseo, y tras confesarme su odio a las lagartijas (de las que está el hotel lleno, claro, incluyendo geckos de 40cm de largo) pese a haber sido propietaria de una pitón, me soltó la segunda: "¿Puedo usar la piscina?". A ver, la chica sería todo lo perrofláutica que quisiésemos, pero tampoco tenía mal tipo... Pero vamos, que no. Que no y que no. De vuelta al hall, no habiendo tareas que otorgarle por la novedad de todo ello y el estado de shock en el que se encontraban los empleados, la envié a su habitación a aclimatarse, citándonos para el día siguiente a las 8 y media de la mañana.

Y sucedió el que es, hasta la fecha, uno de los mejores estrenos laborales jamás vistos. De ocho y media a nueve recibió la charla de mi Gran Jefe. A partir de las nueve, quedó en manos de nuestro Jefe de Recepción para que le enseñase la compañía y demás procedimientos básicos, mientras nosotros celebrábamos la reunión diaria. A las nueve y cuarto fue avistada durmiendo apoyada en la mesa de la recepción. A las once se sintió mal, apareció por mi despacho con mala cara y fue enviada a su habitación. Se cuenta que la víspera había sido vista en la "discoteca" local, la famosa Dao Fa, y la fuente que informó suele ser bastante fiable en todo lo que se refiere a vida nocturna.

Continuamos para bingo. Al día siguiente se reincorporó a sus tareas tarde, no a la hora prevista. Ese día yo no trabajaba, por lo que no tengo datos exactos del desarrollo de los hechos. Sí puedo decir que, cuando bajé a comer, la chica ya no formaba parte de la plantilla del hotel. Al día siguiente un coche vino a buscarla para llevarla al aeropuerto, de camino a Vientiane, y de allí a París. Se dice que nuevamente fue vista la víspera en la Dao Fa, como no podía ser de otra forma. Perdón, me explico: la víspera de su despido, y la víspera de su regreso a casa. Pleno al quince.

Yo he tenido becarias (curiosamente no becarios) mediocres e incluso malos. Aún recuerdo a la chica holandesa aquella que sólo sabía decir en francés (traducido) algo como "¿poder echar piti?" para pedir ir a fumar, pero lo de la Turbo-Becaria ha sido antológico, y por eso se lo cuento.

En otro orden de cosas, por dar alguna noticia, la cosa está calmada en cuanto a actividad, llueve bastante, hace menos calor, mi moto ha cumplido 500 kilómetros, el Mekong baja muchísimo más lleno y rápido que antes, y hace tres días se cumplieron cuatro meses de mi llegada a Laos. Y como una entrada sin foto queda un poco coja, les dejo la foto de dos nuevas empleadas del hotel, expertas en espantar serpientes y en vociferar cada mañana. Todavía no tienen nombre.